martes, 23 de septiembre de 2014

LOS VIEJOS ROQUEROS NUNCA MUEREN (Para desgracia de los ciudadanos)

El espíritu de este blog  es  orientar con humor, crítica y sobre todo ciencia al castigado ciudadano que le maltratan por todos los lados y no sabe de dónde le vienen los tiros. ¡Hay que tener espíritu samaritano!
Los ciudadanos consideran que el mayor premio gordo que le podía tocar a la sociedad española es librarse de los viejos roqueros de izquierdas, derechas y nacionalismos, los tres jinetes del Apocalypsis que destrozaron Europa y la vuelven  a maltratar en la actualidad con todo tipo de ocurrencias, corrupciones y repeticiones alocadas e innecesarias.
El mundo actual es hijo de las guerras europeas. Así, como la Revolución francesa y americana fueron una escuela de revolucionarios e innovadores que aplicaron las nuevas ideas a una sociedad feudal, las guerras frías y la guerra fría cultural fueron escuelas de terroristas económicos que aplicaron las técnicas de los espías, los nuevos protagonistas de las postguerras, al saqueo de las sociedades sin misericordia de ningún tipo. Este fue el resultado final y la ocupación habitual de estos espías, por lo menos en la extinta URSS que dictó una clase magistral que repitieron todos los enanos del circo, como diría Tim Warner. No nos debe extrañar que el mundo actual, hijo de las guerras europeas, sea un mundo dominado por el “terrorismo económico” en cada país y que la solución sea de la misma altura intelectual que la de sus protagonistas: los enanos del circo y los viejos roqueros. ¡Vaya melé!
Mientras los viejos roqueros repiten sin cesar las viejas melodías de izquierdas, derechas, nacionalismos y los correspondientes estribillos del bla-bla-bla, el terrorismo económico se dedica a aplicar sus técnicas preferidas de saqueo hasta el infinito y se apoderan de la economía de la sociedad que no sabe qué ocurre a su alrededor y cuándo termina el concierto, mejor sería decir desconcierto, los asistentes vuelven a sus campos de concentración de la pobreza, el paro, la miseria, inconscientes de lo que ocurre.
En el ambiente resuenan los ecos de los viejos roqueros con sus estribillos: “Viva el progreso…”, “Viva el progreso…” “Viva el progreso…”. 

                                                                       Antonio M. Caballero 

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