El
espíritu de este blog es orientar con humor, crítica y sobre todo
ciencia al castigado ciudadano que le maltratan por todos los lados y no sabe de
dónde le vienen los tiros. ¡Hay que tener espíritu samaritano!
Los ciudadanos consideran que el mayor premio gordo que le podía tocar a la sociedad española es librarse de los viejos roqueros de izquierdas, derechas y nacionalismos, los tres jinetes del Apocalypsis que destrozaron Europa y la vuelven a maltratar en la actualidad con todo tipo de ocurrencias, corrupciones y repeticiones alocadas e innecesarias.
Los ciudadanos consideran que el mayor premio gordo que le podía tocar a la sociedad española es librarse de los viejos roqueros de izquierdas, derechas y nacionalismos, los tres jinetes del Apocalypsis que destrozaron Europa y la vuelven a maltratar en la actualidad con todo tipo de ocurrencias, corrupciones y repeticiones alocadas e innecesarias.
El mundo actual es hijo de
las guerras europeas. Así, como la Revolución francesa y americana fueron una
escuela de revolucionarios e innovadores que aplicaron las nuevas ideas a una
sociedad feudal, las guerras frías y la guerra fría cultural fueron escuelas de
terroristas económicos que aplicaron las técnicas de los espías, los nuevos
protagonistas de las postguerras, al saqueo de las sociedades sin misericordia
de ningún tipo. Este fue el resultado final y la ocupación habitual de estos
espías, por lo menos en la extinta URSS que dictó una clase magistral que
repitieron todos los enanos del circo, como diría Tim Warner. No nos debe
extrañar que el mundo actual, hijo de las guerras europeas, sea un mundo
dominado por el “terrorismo económico” en cada país y que la solución sea de la
misma altura intelectual que la de sus protagonistas: los enanos del circo y
los viejos roqueros. ¡Vaya melé!
Mientras los viejos roqueros
repiten sin cesar las viejas melodías de izquierdas, derechas, nacionalismos y
los correspondientes estribillos del bla-bla-bla, el terrorismo económico se
dedica a aplicar sus técnicas preferidas de saqueo hasta el infinito y se
apoderan de la economía de la sociedad que no sabe qué ocurre a su alrededor y
cuándo termina el concierto, mejor sería decir desconcierto, los asistentes
vuelven a sus campos de concentración de la pobreza, el paro, la miseria,
inconscientes de lo que ocurre.
En el ambiente resuenan los
ecos de los viejos roqueros con sus estribillos: “Viva el progreso…”, “Viva el
progreso…” “Viva el progreso…”.
Antonio
M. Caballero